El silbato a las 6:47
A las 6:47 del martes, el silbato de la nave 4 sonó otra vez. Quince años de silencio, rotos en dos segundos, y cuarenta y dos vecinos apostados frente a la verja de chapa de la calle del Barro desde las seis, algunos con termos de café, que aplaudieron cuando la primera hornada de teja árabe salió del túnel de rodillos a las 9:20.
Nadie lo había previsto con esa velocidad. Los propios socios se miraron entre sí sin saber qué decir delante de las cámaras del barrio.
La planta perteneció a Cerámica San Bartolomé, que quebró en marzo de 2011 y dejó en la calle a 96 personas en el peor momento del ladrillo en Castilla y León. El edificio fue okupado dos veces. Sufrió un incendio en el ala este en 2017. Acabó en el catálogo municipal de solares degradados. Hace tres años, un fondo alemán lo compró por 380.000 euros para derribarlo y levantar naves logísticas.
El proyecto no salió.
Lo que sí salió fue otra cosa: un grupo de antiguos operarios, encabezados por la tornera Amelia Cortés Rabanal y el extécnico de hornos Julián Devesa, constituyó en octubre de 2024 la cooperativa Barro Vivo con 21 socios y 61.000 euros de capital inicial, la Junta aportó 245.000 euros a fondo perdido en la convocatoria de reindustrialización de 2025 y el Ayuntamiento cedió el suelo por 30 años en régimen de derecho de superficie.
Para el barrio, el cambio se mide en cosas pequeñas. La panadería de Barro con Avenida de los Cipreses vuelve a abrir a las seis. El autobús 12 recuperó en julio una parada suprimida en 2014. La guardería municipal, con 14 plazas libres en septiembre pasado, ha cubierto 39 solicitudes.
De la chatarra al tejar
La recuperación de los hornos no fue un trámite. El túnel de rodillos, un Morando de 1987, había perdido los quemadores y parte del sistema de control, así que los socios encontraron dos unidades gemelas desmontadas en una fábrica de Villamuriel de Cerrato, en Palencia, y las trasladaron en cuatro camiones durante febrero de 2026, con un montaje de 118.400 euros firmado por Talleres Mecánicos Revilla, de Villares de la Reina.
El primer pedido formal llegó antes de que la planta estuviera lista. La constructora Salgueiro e Hijos, con sede en Carbajosa de la Sagrada, necesitaba 210.000 tejas para una promoción de 84 viviendas en el sector de La Vaguada. Firmó en mayo.
Y adelantó el 40%.
«Necesitábamos producto de verdad, no promesas, y aquí lo tenemos a once kilómetros», explica su director de compras, Fernando Salgueiro Nieto. La cooperativa ha cerrado además un contrato con el Ayuntamiento de Santa Marta de Tormes para el suministro de adoquín destinado a la reforma de la calle Mayor, 4.800 metros cuadrados de pavimento que se colocarán a partir de marzo de 2027. Son dos clientes, no una lista interminable. Con ellos y con los pedidos menores de albañilería, la plantilla cubre turnos hasta junio.
Lo que cuesta un puesto
Cada empleo de Barro Vivo ha requerido una inversión media de 71.300 euros. La cifra la maneja la propia cooperativa y la sitúa por debajo de los 94.000 euros que, según la patronal cerámica, cuesta abrir una línea nueva desde cero, una diferencia que se explica porque el edificio ya existía, ya tenía acometida de gas y ya contaba con la autorización ambiental integrada, caducada pero recuperable.
El salario de entrada es de 22.400 euros brutos anuales en tres pagas extra prorrateadas. Sube a 26.100 para los oficiales de horno. No es un sueldo de convenio de químicas. Está por encima de los 19.800 que cobraba la mayoría antes del cierre.
«Ganamos menos que en 2010 con la inflación descontada, y lo sabemos. También sabemos que en 2012 estábamos cobrando el paro», resume Devesa, que hoy dirige el área de cocción.
El 63% de los 38 trabajadores son antiguos empleados de San Bartolomé. El resto procede de un curso de operarios cerámicos que el Servicio Público de Empleo de Castilla y León impartió en el Centro de Formación de La Aldehuela entre enero y junio. Cinco de los nuevos tienen menos de 30 años, algo poco habitual en un sector cuya media de edad roza los 49.
Las cuentas del vecindario
El impacto sobre el entorno inmediato no aparece en el balance. Pero se nota.
La asociación de vecinos El Mirador de Garrido calcula que el barrio ha ganado 214 residentes empadronados desde enero, la mayoría familias jóvenes que han alquilado pisos vacíos en los bloques de la calle del Barro y del paseo de los Olivos, y el precio medio del alquiler en la zona ha subido un 9,4% interanual, hasta 8,30 euros por metro cuadrado, según los datos que maneja la propia asociación.
No todo es entusiasmo. La presidenta de El Mirador, Rosario Beltrán Cuadrado, advierte de que la presión sobre la vivienda puede expulsar a los inquilinos de toda la vida: «Nos alegramos por los puestos de trabajo, faltaría más. Pero llevamos dos años pidiendo que se declaren 60 viviendas vacías en la calle del Barro como zona de tanteo para que el Ayuntamiento pueda intervenir en los alquileres». La solicitud sigue sin resolverse.
El comercio ha reaccionado antes que la administración. El bar La Tercera, en la esquina de Barro con la avenida de los Cipreses, ha ampliado horario y contratado a dos camareros. La ferretería Hermanos Villalba, que llevaba cuatro años vendiendo solo por catálogo, ha reabierto el almacén al público y factura un 31% más que en 2025. La farmacia de la plaza de Garrido ha incorporado un segundo farmacéutico a tiempo completo.
Un modelo que se mira de reojo
La experiencia ha despertado interés fuera de Salamanca. El Ayuntamiento de Béjar ha pedido información sobre el régimen de derecho de superficie, y una delegación de la cooperativa visitará en octubre la antigua fábrica de paños para evaluar un esquema parecido. En Zamora, la Fundación Caja Rural ha invitado a Cortés Rabanal a exponer el caso en una jornada sobre reindustrialización rural que se celebrará el 14 de noviembre.
Los números ayudan a entender el interés: la planta prevé cerrar 2026 con una facturación de 1,38 millones de euros y un resultado antes de impuestos de 94.000 euros, y en 2028, con la segunda línea de extrusión en marcha, la cooperativa quiere alcanzar los 3,1 millones y los 57 empleos. Son proyecciones. Y las proyecciones a tres años en el sector cerámico han fallado muchas veces.
El obstáculo más serio no es comercial, sino energético. El gas natural representa el 34% del coste de producción de una teja. La cooperativa ha firmado un contrato de suministro a precio fijo con una comercializadora hasta diciembre de 2027, pero a partir de ahí queda expuesta, y tiene sobre la mesa dos ofertas para instalar 1.200 metros cuadrados de paneles fotovoltaicos en la cubierta sur de la nave, con una inversión estimada de 410.000 euros.
A las once y cuarto del miércoles, el silbato volvió a sonar en la nave 4. No era el de la primera hornada. Era el del cambio de turno.